No es muy frecuente que un músico sea capaz de publicar uno de sus mejores álbumes tras cerca de 25 años de carrera pero Steven Wilson (hiperactivo músico, compositor, productor, líder del grupo de rock progresivo Porcupine Tree, cofundador de No-Man, Blackfield, etc.) lo ha conseguido con el excepcional “The Raven that Refused to Sing (and other stories)”.

La oportunidad de ver uno de los conciertos de su nueva gira levantó la suficiente expectación entre los aficionados al rock progresivo como para congregar a cerca de 2.000 seguidores en el Hotel Auditorium de Madrid el pasado 8 de noviembre.

Sobre las 20:10, comenzó a proyectarse en la pantalla del escenario un vídeo semi-experimental pero con no pocas dosis de sorna sustentado en un plano fijo de una calle cualquiera de una ciudad cualquiera. Pasados unos minutos, y mientras se escuchaba la inquietante música de Bass Communion (otro de los proyectos de Steven Wilson, dedicado en este caso a la música ambient), apareció en pantalla el músico británico camuflado con abrigo, bufando, gorra y gafas oscuras. Preparó y tomó un café lentamente, se lió y fumó un cigarro con idéntica parsimonia y por fin agarró una guitarra acústica. Una vez afinada, apareció sobre el escenario el propio Steven Wilson ante el entusiasmo generalizado de un público entregado desde el primer minuto, e interpretó él sólo, en versión acústica, “Trains”, uno de los temas más celebrados de Porcupine Tree.

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Al final del tema apareció el resto de la banda que acompaña a Wilson en esta gira y rápidamente atacaron con una potentísima interpretación de “Luminol”, el tema que abre el tercer y último álbum de Steven Wilson. El juego de luces desplegó todo su potencial y el magnífico sonido (incluyendo efectos de sonido que envolvían todo el recinto) hizo acto de presencia, algo que no es de extrañar teniendo en cuenta el perfeccionismo del músico británico, que le ha convertido en uno de los productores más exquisitos de los últimos años.

Tras la intensidad de “Luminol”, Wilson se sentó a los teclados y junto a su banda interpretó “Postcard”, del álbum “Grace of drowning” (2011). “The holly drinker” se convirtió en una de las piezas clave del concierto, con Wilson al bajo y una interpretación sobresaliente de toda la banda. A continuación volvió la calma con “Drive Home”, el tema original de “The raven that refused to sing (and other stories)” y que acaba de publicarse en formato EP junto a un magnífico videoclip que fue proyectado mientras sonaba la canción.

Finalizado el tema, llegó una de las grandes sorpresas de la noche: si el último trabajo del incansable Steven Wilson se publicó el pasado febrero, ya tiene preparados nuevos temas de cara a un próximo álbum. El músico anunció un nuevo tema, aún sin título. Advirtió que no le importa que el público grabe sus espectáculos pero pidió que este nuevo tema no fuera subido a Youtube ni a ninguna plataforma similar a fin de que siguiera siendo una novedad para el público que asista a la actual gira. A día de hoy, el tema de unos diez minutos oscuros e intensos, no ha sido subido a Youtube.

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De pronto, una cortina semitransparente cayó entre el escenario y el público y sobre ella comenzó a proyectarse un siniestro vídeo que sirvió de presentación para “The Watchmaker”, uno de los temas más siniestros del último álbum de Steven Wilson. La banda sonó en todo momento compacta. No hay duda de que los músicos que la componen son auténticos fuera de serie, varios de ellos llegados al planeta Wilson desde el mundo del jazz.

El siguiente tema, un épico y oscuro “Index”, fue presentado por el músico, como es habitual descalzo durante toda la actuación, con cierto humor negro. Inmediatamente, Wilson volvió a coger la guitarra acústica para acometer una espectacular “Sectarian”, pieza instrumental de “Grace of drowning” durante la cual la cortina cayó al suelo en un efecto visual de lo más efectivo. Al terminar el tema, Wilson invitó al público a ponerse de pie y acercarse al escenario, ya que, según dijo, “nos gusta sentir el calor del público”.
Llegaba la larga recta final del concierto y Steven Wilson anunció la interpretación de “Raider II”, con sus cerca de 20 minutos que combinan sonidos mansos y siniestros con tormentas de intensidad eléctrica. El ruidista final de la pieza dio paso sin solución de continuidad a  “The raven that refused to sing”, esa sobrecogedora obra maestra que cierra y da título a su último álbum. Sonó majestuosa y fue acompañada por su correspondiente videoclip animado.

La banda desapareció rápidamente del escenario con todo el auditorio puesto en pie. No hubo que esperar demasiado para que los músicos aparecieran de nuevo y presentaran otro nuevo tema, una fantástica balada llamada “Happy Returns” que dejó un inmejorable sabor de boca entre un público que se volcó en el último tema de la noche, una versión de casi 15 minutos de “Radioactive Toy”, el primer clásico de Porcupine Tree, con un pasaje central atmosférico que sonó más que nunca a Pink Floyd, uno de los muchos referentes del músico británico.

Wilson se despidió definitivamente pidiendo un aplauso para cada uno de los músicos que le acompañan en esta gira en la que ha vuelto a demostrar que a día de hoy sigue siendo uno de los compositores más creativos y brillantes del panorama internacional. Su espectáculo, centrado en su carrera en solitario y apuntando sólo dos temas de Porcupine Tree (su proyecto más popular) está envuelto en un sonido impecable y un aparato visual fantástico y deja la sensación de haber visto sobre el escenario a unos auténticos profesionales del perfeccionismo musical.


Lugar: Hotel Auditorium (Madrid)
Fecha del evento: 08 de noviembre de 2013
Texto y fotografías: Andeka

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