Hay conciertos a los que vas a escuchar música y otros a los que vas directamente a desaparecer. Lo del martes en el Euskalduna fue más de lo segundo. Sigur Rós aterrizaron en el Euskalduna de Bilbao acompañados por la Bilbao Orkestra Sinfonikoa y la Sociedad Coral de Bilbao, y durante un par de horas consiguieron que nos olvidáramos bastante de que era martes, de que al día siguiente tocaba trabajar y, en general, de todo lo que estuviera pasando ahí fuera. El plan ya imponía antes de empezar: Sigur Rós sobre el escenario junto a una orquesta sinfónica, un coro, el auditorio lleno y ese ambiente especial que acompaña siempre a la banda. Cuando arrancó «Blóðberg» quedó claro que aquello iba a ser otra historia.
Jónsi, con su particular falsete, apareció como una figura más dentro del paisaje sonoro que iba construyendo la banda. Las cuerdas, los metales, el coro y su guitarra fueron creciendo poco a poco hasta convertir canciones como «Ekki múkk», «Fljótavík» o «Starálfur» en auténticas montañas sonoras. Sigur Rós no tienen ninguna prisa. Sus canciones crecen, se estiran y van ganando intensidad hasta que, cuando llega la explosión, te tienen completamente atrapado. El Euskalduna se convirtió en un lugar silencioso y casi hipnótico, con el público entregado a lo que sucedía sobre el escenario.
La segunda parte elevó todavía más la apuesta. «Vaka», «Samskeyti» y «Dauðalogn» mostraron la cara más delicada de la banda, mientras que la combinación con la BOS y la Coral conseguía hacer todavía más enormes sus canciones. «Ára bátur» fue uno de esos momentos que ponen los pelos de punta, con el coro y la orquesta empujando la canción hasta hacerla gigantesca. Y cuando llegó «Hoppípolla», el ambiente cambió por completo: sonrisas, emoción y esa sensación de estar compartiendo algo especial con todo el auditorio.

El final con «Avalon» puso el broche perfecto a una noche en la que Sigur Rós demostraron que su música no necesita entenderse para sentirse. Da igual que canten en islandés o que Jónsi utilice su particular «hopelandic»; aquí las palabras casi son lo de menos. Lo importante son las sensaciones, las imágenes que provoca cada canción y esa capacidad para convertir un concierto en una especie de paréntesis. Durante dos horas el Euskalduna dejó de estar en Bilbao. Y, sinceramente, no teníamos ninguna prisa por volver.
Lugar: Euskalduna (Bilbao)
Fecha del Evento: 15 de septiembre de 2026
Texto y fotografías: David Mars