DeRuting Magazine

Web Magazine de música y cultura dedicada a cubrir eventos y realizar crónicas de conciertos o festivales y mostrar las noticias mas relevantes.

Rockland 2025: Una edición para el recuerdo

La cuarta edición del Rockland Art Fest ha pulverizado expectativas. Lo vivido este julio en Santo Domingo de la Calzada va más allá de un festival: fue una experiencia total. En un país saturado de macroeventos musicales, Rockland se ha consolidado como una rara avis. Sin masificaciones, sin colas infinitas, sin “solapes” en el horario y con una producción que cuida tanto al público como al artista. Este año, con más de 30.000 asistentes, ha dejado de ser una promesa para convertirse en referente.

Desde la icónica presencia de Iggy Pop hasta el sonido apabullante de Wolfmother, pasando por las sorpresas reveladoras como The War and Treaty o Girlband!, la edición 2025 será recordada como aquella en la que todo funcionó. Aquí, lo importante fue la música. Sin postureos ni influencers, sólo rock.

Viernes: golpes de alma y puñetazos de punk
El arranque no pudo ser más redondo. Ciclonautas abrieron fuego con su stoner melódico, PiLT subió la temperatura con su atronador regreso y Battlesnake, desde Australia, desató un espectáculo de freak-metal tan bizarro como irresistible. A esa altura, el Rockland ya latía fuerte.

Pero el primer momento mágico fue cortesía de The War and Treaty, un vendaval de soul, góspel y humanidad que convirtió el segundo escenario en una iglesia laica. Su versión de “I Will Always Love You” y el medley final con “Respect” fueron tan inesperados como conmovedores.

Luego llegó el terremoto: Refused. La banda sueca demostró por qué siguen siendo una fuerza política y musical imparable. Con “The Shape of Punk to Come”, “New Noise” y proclamas contra el genocidio en Palestina, Dennis Lyxzén lideró una misa punk que aún retumba.

Tras ellos, Alcalá Norte ofreció una mezcla caótica y honesta de postpunk castizo, fueron puente entre la rabia sueca y la polémica de la noche: los Sex Pistols feat. Frank Carter.

Y aquí llegó uno de los conciertos más esperados y discutidos del festival. Sin Johnny Rotten, pero con Paul Cook, Glen Matlock y Steve Jones respaldados por Frank Carter (The Rattlesnakes, ex-Gallows) como vocalista invitado, los Sex Pistols encaraban el reto de revivir un repertorio histórico sin su figura más polémica. La expectación era máxima, y la división, inevitable.

El sonido fue crudo, directo, y por momentos atronador. Clásicos como “Pretty Vacant”, “Holidays in the Sun” o “No Feelings” fueron ejecutados con solvencia, y con Carter rabioso, ágil, metido en el papel sin necesidad de imitar a Rotten, demostró carisma y respeto por el legado sin caer en la parodia. Su entrega fue innegable, y aunque la conexión emocional no siempre caló, su actitud fue impecable.

El clímax llegó con “Anarchy in the UK” y “God Save the Queen”, coreadas por un público tan dividido como entregado. Algunos puristas torcieron el gesto, otros disfrutaron de la ocasión única de escuchar esos temas con parte de la formación original y un frontman que, al menos, no se dedicó a arruinar el espectáculo con provocaciones caducas. Hubo un instante de verdadero nervio cuando Dennis Lyxzén (Refused) apareció como invitado sorpresa para cantar junto a Carter en “Bodies”, logrando uno de los pocos momentos de auténtica electricidad en el set. Durante una hora, los Sex Pistols volvieron a sonar peligrosos. Y eso, aunque sea por un instante, es más de lo que muchas bandas pueden decir.

Cuando parecía que la noche ya había vivido su punto álgido, Los Zigarros salieron a demostrar que el rock clásico español no está ni muerto ni dormido. Su directo fue una descarga eléctrica, una lección de energía y honestidad sin artificios. Con un sonido apretado, solos incendiarios y un público completamente entregado, bordaron un concierto redondo. “Hablar, hablar, hablar…” y “Dentro de la ley” sonaron a gloria. Supieron mantener la llama encendida tras la intensidad de los suecos y ofrecieron el cierre perfecto para el sector más fiel del público.

Tras ellos, Jet tomaron el escenario principal para cerrar la jornada. Sonaron potentes, especialmente en “Are You Gonna Be My Girl”, y cumplieron con creces en cuanto a sonido y actitud. Sin embargo, fue un show más previsible que memorable, sin grandes sobresaltos. Correctos, enérgicos, aunque algo contenidos tras la fiesta que habían montado los Zigarros minutos antes.

Sábado: la Iguana y la redención del rock vasco
El segundo día fue una montaña rusa emocional. Desde las sesiones vermut hasta la euforia nocturna, el sábado fue, sin duda, el clímax del festival.

Tobogán, desde La Rioja, calentaron motores con solvencia local. Le siguieron los veteranos Kokein, quienes aprovecharon su incorporación de última hora para dar un concierto lleno de potencia y precisión. Flying Rebollos trajeron a Portugalete al corazón de La Rioja con himnos noventeros y Delirium Tremens, en su gira de despedida, ofrecieron un concierto cargado de emoción e historia.

The K’s fueron el momento “indie británico” del día, con su mezcla de britpop y arrogancia heredada de los Gallagher. No encajaron en todos los oídos, pero tienen madera de clásico.

Y entonces, el milagro: Morgan. En estado de gracia, los madrileños conquistaron el escenario secundario con un set impecable, coronado por “Sargento de Hierro” y “Another Road”. La voz de Nina de Juan lo llenó todo. Público rendido. Pura magia.

Y luego, llegó él. Iggy Pop. 78 años y más vivo que cualquiera de nosotros. Desde que irrumpió en el escenario con torso desnudo, mirada desafiante y energía de adolescente poseído por los dioses del rock, la Iguana convirtió el recinto en su santuario. El set fue una bomba en cámara lenta: “Raw Power”, “Gimme Danger”, “I Wanna Be Your Dog”… cada tema era un mordisco a la nostalgia y una bofetada de actualidad. No hubo tregua, no hubo artificio. Sólo músculo, sudor y verdad.

La banda que lo acompaña, una mezcla de músicos veteranos del soul-rock y del punk garajero, fue un pilar perfecto: crudos, sucios, intensos. Su lectura de “The Passenger” fue un momento colectivo de éxtasis, mientras que “Lust for Life” levantó literalmente del suelo a quienes ya se creían agotados. Entre pogos, gritos y abrazos, la sensación era unánime: estábamos ante una leyenda viva que no se limita a sobrevivir, sino que aún domina. Iggy no vino a pasear un repertorio. Vino a recordarnos por qué el rock importa. Y lo logró con creces.

La resaca emocional era inevitable, pero entonces apareció una grata sorpresa: Kira Mac. Con un sonido que bebe del hard rock clásico y el southern más moderno, la banda británica liderada por Rhiannon Hill demostró que el relevo generacional puede tener actitud, voz y pegada. Su directo fue puro dinamismo: riffs potentes, estribillos coreables y una puesta en escena sin fisuras. Hill es una frontwoman magnética, capaz de pasar del rugido al susurro sin perder contundencia.

El público, aún extasiado tras el vendaval Iggy, respondió con entusiasmo a temas como “Mississippi Swinging”, “Chaos Is Calling” y “Hell Fire & Holy Water”. Fue uno de esos conciertos que empiezan con curiosidad y acaban con ovación. Kira Mac no sólo aguantó el tipo tras la Iguana: lo aprovechó como trampolín para brillar por derecho propio. En otro escenario y a otra hora, podrían haber sido cabezas de cartel.

Cerraron la jornada unos Wolfmother que demostraron que el hard rock sigue vivo. Con “Woman”, “The Joker and the Thief” y más psicodelia de la esperada, Stockdale y los suyos fueron un final más que digno para un día de antología.

Domingo: elegancia final, descubrimientos inesperados y despedida con clase
El tercer día del Rockland Art Fest comenzó con esa mezcla de nostalgia anticipada y energía contenida que solo los grandes festivales saben provocar. Con dos jornadas de emociones intensas a la espalda y un cartel algo más relajado en lo sonoro, el domingo ofrecía el contexto perfecto para descubrir joyas, disfrutar sin prisas y dejar que la música cerrara el círculo con elegancia.

La tarde arrancó con Warmduscher, una banda que prometía caos bailable, pero que no terminó de conectar del todo. Su propuesta, una mezcla de punk funk sucio, spoken word y actitud desganadamente cool, resultó demasiado errática para la hora y el ambiente. Aunque musicalmente tienen momentos brillantes, como en “Midnight Dipper” o “Standing on the Corner”, la actuación pareció más un ensayo ruidoso que un concierto cohesionado. El público, dividido entre la curiosidad y el desconcierto, se mantuvo tibio.

Después llegó Marcus King, uno de los grandes triunfadores del día. Con apenas 29 años, ofreció un directo elegante, emocional y lleno de clase. Su mezcla de rock sureño, blues y soul cautivó desde el primer acorde. Temas como “Wildflowers & Wine” y “Goodbye Carolina” brillaron gracias a una voz poderosa y una banda impecable. Sin artificios, logró uno de los conciertos más sentidos de todo el festival.

Le siguió Fantastic Negrito, que convirtió el escenario en una ceremonia de intensidad funk-blues y mensaje social. Su directo fue eléctrico, teatral y cargado de personalidad. Alternando momentos de groove con otros más íntimos, conectó con el público a través de temas como “Plastic Hamburgers” o “In the Pines”. Un concierto contundente, combativo y distinto, que dejó huella.

Cuando el sol caía, llegaron The Black Keys. La banda de Ohio ofreció un concierto sobrio, efectivo y lleno de clase. Sin grandes discursos ni adornos innecesarios, Dan Auerbach y Patrick Carney demostraron que el rock puede ser poderoso sin ser grandilocuente. Desde los primeros compases de “I Got Mine” hasta la traca final con “Lonely Boy” y “Little Black Submarines”, todo fluyó con naturalidad y groove. “Gold on the Ceiling” levantó al público, que coreó los riffs como si fueran estribillos. Fue un cierre luminoso, elegante y perfectamente medido.

The Black Keys no necesitan artificios. Su fórmula, rock directo, blues sucio y actitud sin estridencias, sigue funcionando. Y en una noche serena como esa, lo simple fue lo más grande.

Esta cuarta edición del Rockland Art Fest ha dejado una huella profunda y difícil de borrar. Porque Rockland es comodidad sin perder autenticidad, es calidad sin pretensiones, es comunidad sin postureo. Un festival que cuida al público, que escucha, que arriesga con criterio y demuestra que no hacen falta cien nombres ni cinco escenarios para tocar el cielo. Más que un evento, fue una celebración del rock como forma de vida, una experiencia compartida que ya estamos deseando repetir. Que vuelva pronto.


Lugar: BEC (Barakaldo)
Fecha del Evento: 16de Julio de 2025
Texto: nkn
Fotografías: David Mars

Total
0
Shares
Prev
Jennifer Lopez incendia el BEC con un show explosivo y emocional

Jennifer Lopez incendia el BEC con un show explosivo y emocional

Next
Los conciertos del Aste Nagusia del Kafe Antzokia

Los conciertos del Aste Nagusia del Kafe Antzokia

También te puede interesar
error: ¡¡El contenido está protegido por DeRuting Magazine!!