Hay conciertos que no se miden por cifras ni por llenos absolutos, sino por la forma en la que consiguen detener el tiempo durante algo más de una hora. La visita de Miles Kane a la sala Santana 27 fue una de esas noches: imperfecta, intensa y profundamente humana.
Desde las ocho de la tarde, TOC se encargaron de abrir camino. Los de Mungia demostraron por qué forman parte de una nueva generación de bandas que están renovando el rock euskaldun con personalidad y sin complejos. Hubo espacio para la delicadeza de “Gau eternal bat”, para melodías luminosas como “K” y para la celebración colectiva de “Bi miru gu”, antes de cerrar con “Ametsen batean”. Un inicio honesto, cercano y eficaz, que ayudó a crear el clima adecuado para lo que estaba por venir.

Pocos minutos antes de las nueve, “Stand By Me”, en la versión de John Lennon, ya estaba sonando por la sala. El murmullo del público se fue apagando poco a poco, como si todos supiéramos que algo estaba a punto de empezar. Cuando la canción se detuvo, la banda apareció en el escenario y, casi sin transición, Miles Kane hizo su entrada entre aplausos, elegante y sereno, marcando el inicio de la noche.
Esta vez no estaba solo. Lejos del formato One Man Band de su anterior visita en el Kafe Antzokia, Kane se presentó arropado por una banda compacta y perfectamente engrasada, dispuesta a ofrecer un directo eléctrico y sin artificios. “Electric Flower” abrió el concierto con brillo y groove, dejando claro que Sunlight in the Shadows no es solo un disco ambicioso en estudio, sino un trabajo que cobra un sentido especial en vivo. El salto inmediato a “Rearrange” nos devolvió a aquel 2011 en el que Colour of the Trap se convirtió en banda sonora para toda una generación.
La intensidad se mantuvo con “Troubled Son”, y “Cry on My Guitar” fue uno de esos momentos en los que el tiempo pareció detenerse. Kane se recreó en el punteo, sacando un sonido elegante y emotivo de su guitarra semihueca, mientras jugaba con un micrófono de efectos que aportaba un aire añejo, casi fantasmagórico, a su voz. Había algo profundamente auténtico en su manera de moverse por el escenario, cómodo, cercano, disfrutando cada segundo.

El nuevo material fue ganando peso a medida que avanzaba el concierto. “Without You” y “Love Is Cruel” mostraron el lado más glam y soul de su etapa actual, mientras “Inhaler”, en una versión más sucia y salvaje, despertó definitivamente a la pista. “Telepathy” y “Blue Skies” confirmaron su talento para actualizar los sonidos del Swinging London mezclándolos con soul, blues y psicodelia de forma natural.
El tramo final fue especialmente emotivo. “I Pray”, “My Love” y “Walk on the Ocean” (con Kane a la acústica) dibujaron un espacio más íntimo, casi confesional, antes de que “Colour of the Trap” hiciera que la sala pareciera cantar al unísono. En “Don’t Forget Who You Are” la conexión entre banda y público fue total, con esa sensación difícil de explicar de estar compartiendo algo que va más allá de una canción.
“Never Taking Me Alive” sonó más rabiosa que nunca, “Coup de Grace” devolvió el pulso rockero, y “Come Closer” cerró la noche con la sala entregada, bailando y sonriendo, como si durante unos minutos Bilbao se hubiera quedado en suspenso.
Lugar: Sala Santana (Bilbao)
Fecha del Evento: 11 de febrero de 2026
Fotografías: David Mars