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Menú Cerrado, reírse de lo que a veces cuesta decir

Ayer (5 de septiembre) tocaba cambiar las guitarras, los amplificadores y los escenarios por una mesa, una cocina y tres amigos. Y, sinceramente, salí del Euskalduna con esa sensación tan buena que dejan las obras que consiguen engancharte desde el primer minuto. Menú Cerrado, escrita por Jordi Casanovas y dirigida por Carlos Aladro, llega al Euskalduna de la mano de Descalzos Producciones con un reparto formado por Carlos Santos, Raúl Fernández de Pablo y Nacho López. Y hay que decirlo: los tres están brillantes. La química entre ellos funciona de principio a fin y consiguen transmitir con mucha naturalidad esa sensación de amistad de toda la vida.

Menú Cerrado parte de una situación sencilla: tres amigos de toda la vida se reúnen para cenar. Sobre el papel, podría parecer la típica comedia de amigos, con sus bromas, sus piques y esas historias que solo entienden quienes llevan muchos años compartiendo vida. Pero la cena acaba siendo mucho más que eso. A medida que van pasando los platos, también van apareciendo conversaciones que normalmente dejamos para otro momento: los recuerdos, las frustraciones, los problemas personales, las inseguridades y, sobre todo, esa dificultad que tenemos tantas veces para decir lo que realmente sentimos.

Y ahí está, para mí, una de las grandes virtudes de la obra. Te ríes muchísimo, pero también hay momentos en los que la risa se queda a medio camino, porque detrás de un chiste hay algo que duele. La obra habla de la amistad, de hacerse mayor, de cómo cambia la vida con los años y de esa costumbre tan nuestra de esconder lo que sentimos detrás de una broma. Carlos Santos, Raúl Fernández de Pablo y Nacho López están especialmente acertados en ese equilibrio entre humor y emoción, pasando de los momentos más divertidos a otros mucho más incómodos sin perder nunca la naturalidad. Se nota que sus personajes tienen una historia detrás, una amistad de muchos años y también esas pequeñas heridas que se han ido acumulando con el tiempo.

La cocina, la mesa y la propia cena terminan siendo el escenario perfecto para que, poco a poco, esas máscaras empiecen a caer. Una de las cosas que más me gustó es que la obra no intenta darte ninguna lección. No te dice cómo tienes que pensar ni convierte todo en un discurso. Simplemente sienta a tres personas alrededor de una mesa y deja que hablen. Y quizá por eso resulta tan fácil sentirse identificado en algunas situaciones. Hay momentos muy divertidos, otros bastante incómodos y alguno que consigue tocarte un poco más de lo que esperabas.

Al salir, me quedé pensando en algo: seguramente todos tenemos algún amigo con el que podríamos sentarnos a cenar y descubrir que, después de tantos años, todavía nos quedan conversaciones pendientes. Menú Cerrado es una comedia, sí, pero de esas que tienen algo más. De las que consiguen que te rías durante la función y, cuando sales del teatro, te dejan pensando en lo que acabas de ver. Y, personalmente, eso es justo lo que busco cuando voy al teatro: que durante un rato me haga olvidarme de todo y que, cuando termine, me lleve algo conmigo. Ayer me llevé unas cuantas cosas.


Texto por nkn

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