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Getxo Folk vuelve a celebrar la música en su 42ª edición

Getxo Folk ha vuelto a convertir durante estos días diferentes rincones del municipio en escenarios para la música de raíz, la tradición y las nuevas formas de entender el folk. Una edición marcada, una vez más, por la diversidad de propuestas y procedencias, con conciertos y actividades repartidos por distintos espacios de Getxo y una programación capaz de acercar la música a públicos muy diferentes.

Junto a los grandes conciertos de esta edición, el festival ha ofrecido también propuestas de pequeño y mediano formato que han enriquecido el programa. La presencia de formaciones internacionales, artistas vinculados a distintas tradiciones musicales y actuaciones en espacios como la estación de Las Arenas o la playa de Ereaga han contribuido a crear ese ambiente de festival abierto que caracteriza al Getxo Folk. Entre ellas, la participación de la Marsa Scouts Pipe Band, la propuesta de la menorquina Anna Ferrer o el dúo formado por Elisabeth Davidson-Blythe y Daniel Quayle aportaron diferentes perspectivas a una programación que ha sabido combinar tradición, experimentación y sonidos contemporáneos.

Dentro de este amplio recorrido, tres actuaciones destacaron especialmente por su capacidad de convocatoria y por la personalidad de sus protagonistas: Celtas Cortos, Dulce Pontes y ETS. Tres propuestas muy diferentes entre sí que, precisamente por ello, resumen bien el espíritu de un festival que no entiende el folk como un género cerrado, sino como un territorio musical en constante evolución.

La primera de estas grandes noches llegó el viernes 11 con Celtas Cortos, una banda que no necesita demasiadas presentaciones y que aterrizó en Getxo inmersa en la celebración de sus cuatro décadas de trayectoria. La gira «40 años contando cuentos» sirvió como hilo conductor de un concierto concebido como una celebración de toda una historia musical, pero también como una reivindicación de la vigencia de un repertorio que continúa pasando de generación en generación.

Desde los primeros compases quedó claro que no iba a ser una noche de simple nostalgia. El grupo vallisoletano repasó diferentes etapas de su carrera y combinó sus grandes clásicos con canciones menos habituales y composiciones de distintas épocas. «Macedonia tradicional», «El túnel de las delicias», «¿Qué voy a hacer yo?», «Haz turismo», «Retales de una vida», «Tranquilo majete» o «Cuéntame un cuento» fueron algunas de las piezas que hicieron cantar al público, mientras que temas como «Riaño vivo», «Cálida trinchera», «Un millón de motivos» o «Silencio» permitieron descubrir otras facetas de una trayectoria mucho más amplia de lo que a veces se recuerda.

La gran virtud de Celtas Cortos continúa estando en esa mezcla que tan bien han sabido hacer suya: rock, folk, música celta, ska, reggae y sonidos de raíz conviven en un directo que mantiene intacta su capacidad para levantar al público. Violines, flautas, gaitas, acordeón, vientos, guitarras y una poderosa base rítmica construyen un sonido reconocible y, al mismo tiempo, abierto a diferentes influencias. Sobre el escenario, la formación mostró la experiencia de quien lleva cuarenta años tocando, pero también una energía que desmiente cualquier tentación de convertir la celebración en un ejercicio puramente retrospectivo.

Y, por supuesto, hubo momentos para los himnos. «La senda del tiempo» y, especialmente, «20 de abril» convirtieron el recinto en una única voz, demostrando que algunas canciones han dejado de pertenecer exclusivamente a sus autores para formar parte de la memoria colectiva de varias generaciones. El concierto terminó con «No nos podrán parar», dejando esa sensación que persigue a los grandes directos: la de haber asistido a una fiesta compartida.

La noche del sábado llevó al Muxikebarri la personalidad de Dulce Pontes, que regresaba por tercera vez al Getxo Folk después de sus anteriores visitas en 2011 y 2021. La respuesta del público fue inmediata: las localidades se agotaron para recibir a una artista profundamente vinculada al fado y a la música portuguesa, pero cuya propuesta va mucho más allá de cualquier etiqueta.

Pontes ofreció un concierto de aproximadamente hora y cincuenta minutos, alternando momentos de gran intimidad, especialmente en el arranque al piano, con pasajes de enorme intensidad junto a la banda. Su interpretación transitó por el fado, la canción popular, el bolero, la música brasileña y otras tradiciones, siempre con una fuerte personalidad escénica. Hubo espacio para la emoción, para la teatralidad y también para la complicidad con un público que respondió con entusiasmo a sus llamadas y a sus gestos.

Entre los momentos más destacados estuvieron interpretaciones como «Sodade», «Não É Desgraça Ser Pobre», su aproximación al «Concierto de Aranjuez» o «Amapola». La artista portuguesa volvió a mostrar esa capacidad para convertir cada canción en una pequeña historia, utilizando el cuerpo, la mirada y los silencios tanto como la propia voz. El tramo final elevó todavía más la conexión con el público y culminó con un bis de marcado carácter brasileño que puso el broche festivo a una actuación recibida con enorme cariño.

El relevo fue para ETS (En Tol Sarmiento), que llevó su propuesta hasta la playa de Ereaga en uno de los grandes acontecimientos populares de esta edición. El grupo alavés convirtió el espacio en una auténtica fiesta al aire libre, con un repertorio amplio y una puesta en escena pensada para llegar también a quienes seguían el concierto desde las zonas más alejadas. La banda combinó canciones de su trayectoria con varios temas de «Konkista», su trabajo más reciente, alternando pop, ska, reggae, electrónica y sonidos de raíz en una propuesta especialmente orientada a la participación del público. La respuesta fue constante: manos en alto, canciones coreadas y una conexión directa con Iñigo Etxezarreta, que no dudó en acercarse a los asistentes y convertirlos en parte activa del espectáculo.

El tramo final confirmó el carácter festivo de la actuación, con canciones como «Beste Behin», «Musikaren Doinua», «Abuela Maitea», «Ametsetan» o «Aukera Berriak», antes de un bis que permitió prolongar la celebración. ETS cerró así su último concierto del verano con una demostración de fuerza y popularidad, dejando además abierta la puerta a su próximo proyecto, «Etxean». Fue un cierre a la altura de una jornada en la que el Getxo Folk volvió a demostrar que puede reunir propuestas muy diferentes y conseguir que todas ellas encuentren su público.

Más allá de sus grandes nombres, precisamente esa variedad ha vuelto a ser uno de los grandes valores del Getxo Folk. Las distintas actuaciones, los espacios elegidos y la presencia de artistas procedentes de diferentes tradiciones han permitido que el festival mantenga su identidad sin renunciar a nuevas propuestas. El resultado es una programación que invita tanto a descubrir nuevos sonidos como a reencontrarse con artistas ya imprescindibles.

Celtas Cortos, Dulce Pontes y ETS han protagonizado tres de las grandes noches de esta edición, pero forman parte de un conjunto mucho más amplio. Del folk de raíz a las propuestas contemporáneas, de los escenarios más íntimos a los conciertos multitudinarios, el festival ha vuelto a demostrar que la música popular puede ser al mismo tiempo tradición, innovación y encuentro.

La 42ª edición merece, por ello, una felicitación especial. Getxo Folk vuelve a salir reforzado como una cita capaz de combinar prestigio artístico, participación popular y una programación abierta a diferentes sensibilidades. El ambiente vivido durante estos días confirma el trabajo que hay detrás de un festival que continúa creciendo sin perder su esencia.

Enhorabuena al Getxo Folk, a Getxo Kultura y a toda la organización por una nueva edición cuidada, diversa y, sobre todo, viva. Porque después de 42 ediciones, el festival sigue demostrando que la música de raíz no mira únicamente al pasado: también sabe evolucionar, sorprender y reunir a generaciones enteras alrededor de un escenario.


Lugar: Getxo
Fecha del Evento: 11 y 12 de septiembre de 2026
Texto: nkn
Fotografías: David Mars

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