El BEC de Barakaldo volvió a convertirse anoche en un refugio emocional para miles de personas que crecieron, amaron y aprendieron a vivir con las canciones de Fito Cabrales como banda sonora. Cerca de 16.000 gargantas recibieron a Fito y a los Fitipaldis en la primera de las dos citas consecutivas de esta semana en Barakaldo (hoy vuelen a repetir que el cartel de no hay entradas) dentro del Aullidos Tour, una gira que confirma algo ya sabido: Fito no necesita reinventarse para seguir siendo imprescindible.
El concierto arrancó con «A contraluz», con el escenario aún velado y las siluetas de los músicos recortadas en la penumbra, un inicio medido y simbólico que dio paso, tras la caída del telón, a una descarga de rock honesto y sin artificios. El público, móvil en mano primero y puño en alto después, entendió desde el arranque que aquello iba de canciones, no de fuegos artificiales.

Fito jugaba en casa y se le notaba cómodo, agradecido y cercano en sus breves intervenciones. No hubo grandes discursos, pero sí frases sentidas y miradas cómplices a una grada intergeneracional que lo mismo coreaba los nuevos temas que estallaba con los clásicos. El repertorio fue un equilibrio bien medido entre el presente y el pasado: «Los cuervos se lo pasan bien», «El monte de los aullidos» o la intensa «Volverá el espanto» crecieron en directo, ganando cuerpo y emoción, mientras que himnos como «Un buen castigo», «Me equivocaría otra vez» o «Por la boca vive el pez» provocaron auténticos aullidos colectivos.
El sonido, poderoso pero limpio, permitió disfrutar de una banda en estado de gracia. Carlos Raya volvió a ejercer de brújula musical con solos precisos y elegantes; Javier Alzola aportó ese toque de alma al saxofón; y la base rítmica, sólida y contenida, sostuvo el pulso de un concierto largo pero nunca cansino. La incorporación de Diego Galaz y Jorge Arribas amplió la paleta sonora, aportando matices folk y texturas que enriquecieron temas como Whisky barato, uno de los momentos más bailables de la noche.

Hubo tiempo para la emoción contenida, especialmente cuando sonó «Soldadito marinero», convertida ya en un himno generacional que el público cantó casi a capela, y para la comunión total en la recta final.
El bis terminó de sellar la comunión entre Fito y su público con «La noche más perfecta», delicada y luminosa, antes de que el BEC viajara de golpe a la memoria colectiva con «Entre dos mares», el único guiño a Platero y Tú, recibido con una mezcla de nostalgia agradecida y respeto. El adiós llegó con «Antes de que cuente diez», convertida en despedida coral y celebración compartida, dejando en el ambiente esa sensación tan reconocible de los conciertos de Fito: la de haber asistido a algo sencillo pero profundamente verdadero, sin adornos ni artificios, sostenido únicamente por canciones que siguen hablando por sí solas.

Hoy segunda cita en el BEC donde se volverá a aullar al rito de Fito.
Lugar: BEC (Barakaldo)
Fecha del Evento: 9 de enero de 2025
Texto : nkn
Fotografía: David Mars