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Fito & Fitipaldis convierte el penúltimo aullido en una despedida inolvidable en el BEC

El Bizkaia Arena (BEC) volvió a rugir el viernes como solo rugen las grandes noches. Y eso que la semana había estado marcada por la incertidumbre de la huelga de técnicos de sonido y la posibilidad real de cancelación. Pero el penúltimo concierto del Aullidos Tour terminó convirtiéndose en una de esas citas especiales que tienen algo de celebración y algo de despedida. Porque a Fito y sus Fitipaldis solo le quedaba una bala más: cerrar la gira al día siguiente, también en casa.

“A contraluz” volvió a ser la puerta de entrada al universo de El monte de los aullidos. El saxo elegante de Javier Alzola empezó a envolver el pabellón mientras Carlos Raya dejaba caer esos punteos que ya funcionan como señales de tráfico emocionales para varias generaciones. El público tardó exactamente cero segundos en entrar. Y eso que era una canción nueva. Da igual. En los conciertos de Fito las canciones envejecen rapidísimo porque la gente las hace suyas enseguida.

Después llegaron “Un buen castigo”, “Por la boca vive el pez” y “Me equivocaría otra vez”, y el BEC pasó oficialmente de concierto a karaoke multitudinario. Ahí ya no había vuelta atrás. Fito apenas hablaba, pero tampoco hacía falta. Bastó un “Eskerrik asko, es increíble estar aquí” para que el pabellón entero le devolviera el clásico “Fitooo, Fitooo” como si aquello fuera un ritual aprendido desde hace veinte años.

Lo bonito de esta gira es que los temas nuevos no han sido simples descansos entre clásicos. “Los cuervos se lo pasan bien” volvió a sonar enorme en directo, con ese aire melancólico y luminoso al mismo tiempo que tiene el último disco. “El monte de los aullidos” arrancó íntima y terminó creciendo hasta convertirse en otra de esas canciones que parecen hechas para sonar en pabellones llenos. Y “Volverá el espanto” dejó uno de los momentos más delicados de la noche, con un Fito mucho más contenido, mientras las pantallas se llenaban de imágenes de guerras y destrucción.

La banda juega ya de memoria después de más de seis meses de gira, y eso se nota en cada transición. Carlos Raya volvió a ser brújula y motor de la noche; Alzola aportó alma al saxo; y la mezcla de acordeón, violín y teclados de Jorge Arribas y Diego Galaz dio aún más color a un directo que suena enorme sin perder cercanía.

Y entonces llegó la recta final. La de los himnos. “Whisky barato” convirtió el BEC en un bar gigante cantando a pleno pulmón, antes de que apareciera en pantalla el saludo grabado desde Madrid, una costumbre recuperada por la banda en esta gira y que el público recibió con aplausos. Después sonaron “Como un ataúd”, “Acabo de llegar”, “La casa por el tejado” y una “Soldadito marinero” que ya no necesita presentación.

Los bises terminaron de rematar la noche con “La noche más perfecta”, el guiño a Platero y Tú con “Entre dos mares” y el cierre definitivo de “Antes de que cuente diez”. Antes de marcharse, Fito dejó una última frase al BEC: “Sois todos una puta bendición”.

Y seguramente tenía razón. Porque más allá del repertorio o de la nostalgia, lo del viernes volvió a demostrar que los conciertos de Fito siguen siendo eso que muy pocos artistas consiguen ya: un lugar donde miles de personas sienten durante dos horas que todas las canciones hablan un poco de ellas.


Lugar: BEC (Barakaldo)
Fecha del Evento: 9 de enero de 2025
Texto: nkn
Fotografía: David Mars

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