Este pasado jueves, el Teatro Arriaga se llenó para recibir a Carminho, una de las grandes voces del fado contemporáneo y, durante algo más de hora y media, Bilbao viajó de la melancolía más profunda a la celebración más luminosa sin apenas darse cuenta.
Vestida de blanco y acompañada por un quinteto de músicos, Carminho salió al escenario con la naturalidad de quien lleva toda la vida entre guitarras, canciones e historias. Y, en cierto modo, así es. Hija de la fadista Teresa Siqueira, creció en una casa de fados de Alfama, donde aprendió a escuchar y a entender que una canción puede cambiar por completo el ambiente de una sala. En el Teatro Arriaga volvió a demostrarlo, manejando al público a su antojo y pasando de la tristeza al entusiasmo en cuestión de minutos.
La artista presentó su último trabajo, «Eu Vou Morrer de Amor ou Resistir», un título que resume buena parte de su manera de entender el fado. En sus canciones aparecen el desamor, la nostalgia y la soledad que forman parte de la tradición, pero también una voluntad constante de escapar del fatalismo. Carminho no quiere limitarse a repetir las historias que ha heredado, sino jugar con ellas, darles la vuelta y buscar nuevas salidas. Temas como «Balada do país que dói», «Trazes-me tanta saudade», «Pela minha voz» o «Eu Vou Morrer de Amor ou Resistir» mostraron esa mezcla de tradición y modernidad que define su música.
Y si su voz es su gran arma, su capacidad para contar historias no se queda atrás. Entre canción y canción, Carminho habló con el público en un español cercano y espontáneo, contó anécdotas sobre su familia y su hijo y explicó el origen de algunas de las canciones. También hubo espacio para Bilbao, después de que recuperara en su teléfono una canción en euskera que le había enviado una tía suya que vive en Bilbao. El gesto arrancó sonrisas y reforzó esa sensación de cercanía que acompañó todo el concierto.

La noche tuvo espacio tanto para el fado más solemne como para momentos de celebración. «Marcha de Alcântara de 1969» llenó el Arriaga de energía, mientras «Lá vai Lisboa» llevó al escenario el imaginario de la capital portuguesa. En el extremo opuesto, «À sombra do teu cabelo», dedicada a su hijo, creó uno de los momentos más íntimos de la noche. También hubo lugar para la experimentación en «Saber», donde las voces grabadas de Laurie Anderson se mezclaron con la de Carminho, demostrando que su respeto por la tradición no está reñido con la búsqueda de nuevos sonidos.
Uno de los momentos más divertidos llegó con «Pedra solta», una canción con la que Carminho juega con los roles de género habituales del fado. Su manera de explicar la historia, siempre entre la ironía y la complicidad, volvió a demostrar que además de cantar sabe tener al público en la palma de la mano. La recta final recuperó el tono más oscuro con «Dia cinzento», antes de que llegaran unos bises que terminaron de levantar al Arriaga.
«Memória», su canción vinculada a Rosalía, fue uno de los grandes momentos de la noche. Después, Carminho se colgó una guitarra eléctrica para interpretar «Estrela», alejándose de la imagen más clásica de la fadista y mostrando una vez más que el género puede crecer sin perder sus raíces. Pero el momento más especial llegó al final, cuando dejó el micrófono y cantó «As minhas penas (Fado perseguição)» acompañada únicamente por la guitarra. De repente, el enorme Arriaga parecía una pequeña casa de fados lisboeta.

Ahí estaba la esencia de Carminho, una artista capaz de moverse entre lo antiguo y lo contemporáneo, entre la fiesta y la tristeza, entre el drama y el humor, sin perder nunca su identidad. Durante toda la noche hizo oscilar al público entre las lágrimas y las sonrisas y consiguió que el fado sonara, al mismo tiempo, profundamente portugués y completamente vivo. Bilbao respondió con un teatro Arriaga entregado y muchos aplausos para una artista que, más que ofrecer un concierto, convirtió durante un rato el teatro en su propia casa de fados.
Lugar: Teatro Arriaga (Bilbao)
Fecha del Evento: 24 de Septiembre de 2026
Texto: nkn
Fotografías: David Mars