Comenzó la duodécima edición del Bilbao BBK Live con una primera jornada en la que la música se presentó como un menú de boda tipo. Es decir, un cóctel variado para ir abriendo el apetito, un plato principal conocido e infalible (notables Depeche Mode) y una barra libre de copas para continuar la fiesta hasta que el cuerpo de cada cual aguantase. Se notaron leves mejorías que la organización ha llevado a cabo respecto al pasado año, como el sonido en todos los escenarios, el recinto para agilizar el tránsito de personas y la cantidad y calidad de servicios.

RRUCCULLA, ganadora de la última edición del concurso Villa de Bilbao en el apartado de nuevas tendencias, fue la encargada de inaugurar la carpa Starman, que se quedó enorme para su valiente propuesta de electrónica abstracta. Tan arriesgada que quizás otro espacio hubiera sido más adecuado. Fue un acierto, en cambio, otorgar a los ya veteranos Rufus T. Firefly la apertura del escenario principal del que salieron victoriosos a pesar de un exceso de graves sónicos que desfiguraron parte del concierto en el que presentaban “Magnolia” (2017). Desde Liverpool Circa Waves se mostraron comunicativos y su elegante indie rock británico remite a los primeros Arctic Monkeys o Interpol. En definitiva, mucho más solventes ellos que sus compañeros de viaje The 1975. La fuerza de los enérgicos Cage The Elephant se transmitió a cada espectador. Un concierto tan frontal como su vocalista Matthew Shultz entregado al cien por cien. Ultimando los entrantes, desde Canada, Austra se hicieron con el control de la carpa, siendo uno de los grupos victoriosos del primer día. La potencia de Katie Stelmanis cantando logra asombrar por completo. Presentación casi íntegra de su lanzamiento “Future Politics” (2017).

Depeche Mode habían visitado Kobetamendi durante el transcurso de sus anteriores giras, en 2009 y 2013. En la presentación de su nuevo trabajo “Spirit” (2017) acudieron por tercera vez al festival. Uno de los grupos emblema del Bilbao Live, que en esta ocasión ofrecieron un concierto que sonó perfecto, de mayor sobriedad y serenidad y con un repertorio seleccionado de entre todos sus discos, menos festivo y potenciando el intimismo. Dejaron fuera un éxito como Just Can’t Get Enough e incluyeron por ejemplo la balada Somebody.

Abrieron con la nueva Going Backwards y durante el primer tramo del directo quedaron claras las posiciones.  Andrew Fletcher ejerciendo de maestro de ceremonias tras los sintetizadores, Martin Gore solvente a las guitarras con el correspondiente baño de masas en sus momentos de micro como en la sensacional Home y Dave Gahan cuyo carisma, voz, presencia y experiencia sobre las tablas hacen de él uno de los hombres de escenario definitivos. Los visuales en las pantallas remarcaban cada sentimiento. Tras interpretar el actual sencillo Where’s The Revolution atacaron un hilo de temas eternos: Everything Counts, Enjoy The Silence, o Never Let Me Down Again llegando el cierre con Personal Jesus. Sublimes.

A partir de medianoche, se vivió el retorno de The Avalanches, que ofrecieron un directo más festivo que vanguardista, la demostración de Spoon trabajando en vivo sus texturas sonoras tan bien como en estudio al presentar el reciente “Hot Thoughts” (2017), y la opción de Justice de comenzar epatando al respetable aunque una ruptura de ritmo causado por un problema técnico les obligó a frenar y detener durante unos minutos su descompensado concierto. Finalmente, alegría y júbilo con una jornada entretenida, festiva y muy variada.


Lugar: Kobetamendi (Bilbao)
Fecha del Evento: 6 de Julio de 2017
Texto: Ruben Garcia
Fotografía: Tom Hagen

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