Berri Txarrak, hasta después de que digamos adiós

En el ecuador de su gira de despedida, Berri  Txarrak realizaron en el parque de Kobetamendi un concierto de compleja organización. Sin duda, una de las citas más especiales dentro de la singularidad que supone cada evento que están llevando a cabo durante el presente año. Se anunció como el directo necesario para todas aquellas personas que desearan despedirse del grupo en una jornada musical sin precedentes en su carrera. 

Tras el tramo por pequeños recintos del pasado febrero y con el horizonte marcado por las dos noches finales que se vivirán el próximo noviembre en Iruña, el del domingo en Bilbao fue un espectáculo único y que acabó ofreciendo muchas más emociones de las prometidas. Así lo atestiguan las sonrisas de quienes veían al grupo por primera o última vez en esta calurosa noche de verano. También las lágrimas de alegría de quienes les están siguiendo por festivales y locales durante meses, celebrando el adiós a una banda que temporada a temporada ha pasado a formar parte de la vida musical de más gente cada vez.

 La avalancha de colaboraciones presentada desde semanas antes no alteró la dinámica y el ritmo que han tenido los conciertos del trío formado por Gorka Urbizu, Galder Izagirre David González durante el pasado lustro. Sin pausa, el repertorio va formando una coherencia interna ejemplar. Las canciones se suceden sin contemplaciones y juegan a la perfección en ese camino formado por picos y valles sonoros. Fue todo un acierto mantener ese recorrido, incluyendo de manera natural cada aportación artística individual del amplio equipo invitado. Una ardua tarea que se saldó con una de las grandes victorias de la velada.

Si se buscan precedentes, se pueden citar dos fechas. La primera es la del BEC en marzo de 2018, por lo especial del encuentro, y la segunda la del festival En Vivo 2013, ya que fue en el mismo recinto y similar escenario. Conjugándolos con novedosos elementos hilados de forma maestra, se cerró de nuevo otra inolvidable marca en su propio calendario. Tras el prólogo del conjunto Broken Brothers Brass Band reinterpretando el cancionero con aires de Nueva Orleans, el comienzo del concierto fue una síntesis de la poderosa puesta en escena de una máquina engrasada hasta el milímetro, desfilando Beude, Gelaneuria, Jaio.Musika.Hil o Izena, Izana, Ezina. La presencia absoluta sobre las tablas y un sonido sobresaliente redondearon cada acorde y melodía, mezclando rock, metal, hardcore y pop con las vetas compositivas marca de la casa que ya se han vuelto inconfundibles.

Jurgi Ekiza (Willis Drummond) dio el pistoletazo de salida a las aportaciones externas cantando a dúo Ez Dut Nahi. Aiora Renteria (Zea Mays) se apropió vocalmente de Aspaldian Utzitako Zelda y Bisai Berriak mientras que Aritz Mendieta (Deabruak Teilatuetan) emuló la aportación que también hizo en estudio con Iraultza Txikien Asanblada. Ricky Falkner y Martí Perarnau IV se unieron a la guitarra y teclados para tocar casi al completo Helduleko Guztiak, segundo EP de “Denbora Da Poligrafo Bakarra” (2014) definiendo uno de los tramos de mayor intensidad y riqueza instrumental. 

Ikasten sirvió como corte y cambio de tercio hacia la vertiente más contundente de su discografía. Encadenaron Betiko Leloaren Betiko Leloa y la rabiosa Zirkua con Matxet aportando visceralidad. El falso comienzo de Mundua Begiratzeko Leihoak solo señala que es un tema a recuperar antes del final definitivo. Matt Sharp tejió la unión con el otro lado del charco y definió una de las influencias fundamentales para el transcurrir de los de Lekunberri durante los 25 años de carrera.

Después vinieron las tres cumbres del recital. Iseo con una escalofriante Biziraun, Anari y Karlos Osinaga uniéndose en la emblemática Oreka y Aitor Gorosabel ofreciendo David eta Goliath de Su Ta Gar y recogiendo Oihu. Dos caras de la misma moneda. En los bises, set acústico compuesto por Min Hau con Nerea Urbizu y Maravillas junto a El Drogas más una triada final formada por Ikusi Arte, Denak Ez Du Balio y Katedral Bat.

Pasadas las más de tres horas de directo que se antojaron un suspiro, las sensaciones que desfilaron encima del escenario, entre el público, con cada compás, dejan un halo de gratitud mutua. Por cada estribillo coreado, por cada golpe de ritmo, por cada canción viva. Para siempre, hasta después de que digamos adiós.


Fecha: 14 de julio del 2019
Lugar: Kobetamendi (Bilbao)
Texto: Rubén García Valle
Fotos: David Mars

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