Berri Txarrak, nuestra banda sonora vital

Hay bandas con las que se lleva tanto tiempo conviviendo que es complicado imaginarse un panorama musical sin ellas en activo. Ya sea pensando en un próximo disco, en una pequeña gira o en su presencia en el festival oportuno. Negu Gorriak señalaron en una emblemática canción ‘ordea ni ere gustora nengoen gure B.S.O. dastatzen’ para marcar sus influencias artísticas y sociales y dejar constancia de que hay artistas que van formando nuestra banda sonora vital. Berri Txarrak sin duda es uno de esos grupos y la comparación del trio de Lekunberri con el quinteto irundarra va más allá del marco geográfico o lingüístico. También se puede citar a Fugazi, R.E.M. o Big Black como singulares ejemplos dentro del mundo del rock en los que las carreras están repletas de acertadas decisiones, incluso en el momento y la forma de tomar un respiro o decir adiós.

El pasado 12 de diciembre, a través de un comunicado, Berri Txarrak anunciaban su intención de parar tras 25 años de actividad constante, buena parte de la cual a muy alta intensidad. Los sentimientos agridulces se agolparon entre multitud de público que no ha parado de crecer durante más de dos décadas. Por un lado, un horizonte con su anunciada ausencia. Por el otro, la honestidad habitual también en la despedida, su sobresaliente legado y el aviso de una gira para celebrar todo lo vivido. Entre las primeras citas de las fechas anunciadas, una serie de directos se han englobado en el denominado Beude Tour, marcado por visitas a los pequeños locales de Euskal Herria que han visto el crecimiento del conjunto.

La primera noche en el Kafe Antzokia bilbaíno estuvo cargada de energía, electricidad y nervios que tornaron en una hora y cuarenta y cinco minutos de melodías y ritmos memorables. Sin apenas respiro, con un sonido espectacular, una sobria puesta en escena y un rodaje y compenetración que siguen sorprendiendo a propios y extraños. Comenzaron por la canción que da título a este tramo de conciertos y desde el primer momento Gorka Urbizu se mostró alegre y muy comunicativo, Galder Izagirre tan atronador como certero y David Gonzalez implacable como animal escénico. La atmósfera que generaron entre los tres músicos y sus diferentes aspectos hace que el ambiente fuera el mejor desde los primeros compases.

El repertorio se fundamentó en clásicos conocidos de todas sus épocas, desde la reciente Spoiler! hasta la emotiva Bueltatzen pasando por una Oreka sin versión intercalada o la poderosa Ikasten. Sin altibajos, con un nivel extraordinario, las tres cimas de la velada se pisaron con Zorionaren Lobbya, composición que cierra su último trabajo “Infrasoinuak” (2017), la imbatible Biziraun y Aspaldian Utzitako Zelda con recuerdo a Joseba Sarrionaindia y genuina rareza del concierto. Quizás la compañía extra de una o dos gemas de este estilo hubiera acrecentado aún más la respiración de acontecimiento único que se vivió en la sala. Ya en los bises la siempre reivindicable Poligrafo Bakarra, Denak Ez Du Balio y Katedral Bat, con euforia viva tanto entre la audiencia como sobre las tablas. Ante la emoción e insistencia del público, Oihu cerró el círculo.

Esta despedida va a ofrecer muchas alegrías, comienza un viaje músico-emocional de diez meses en los que habrá que celebrar y disfrutar junto a sus protagonistas, los intérpretes y autores de esas canciones imborrables que han dibujado nuestra propia banda sonora.


Lugar: Kafe Antzokia (Bilbao)
Fecha del Evento: 19 de febrero de 2019
Texto: Rubén Garcia
Fotografías: David Mars

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