Crónica del concierto de Twanguero en la sala Azkena

El pasado viernes catamos el primer concierto del año. El indomable Twanguero, con su guitarra como arma, desarboló a una parroquia que no llenó la Sala Azkena pero que acabó aullando de gozo ante un animal de las seis cuerdas. Yo no lo había catado en sus anteriores visitas y de todas ellas cantaron alabanzas, así que esta vez iba a ser la definitiva. Y que conste, ha ganado un fan que intentará no perdérselo otra vez. Y mira que sus discos, aunque elegantes y bien hechos, no me llegan quizás por una producción que deja fuera gran parte de la raspa que atesora el directo. Pero, ay amigos, en el directo es otra cosa.

Capitidisminuido por una gripe que le carcomía las fuerzas, Twanguero echó mano de orgullo y deparó un bolo in crescendo a golpe de zumo de frutas y de una clase descomunal. Fueron diecinueve temas más el bis a lomos de cumbia, mambo, pasodoble surf y rockanroll y en todos descolló. Con una técnica asombrosa a la guitarra, sobrevoló el Azkena con rockabilly vacilón (“Rockabilly Mambo”) cantó a “Rasca Yú” (esa de que “cuando mueras qué harás tú, tú serás una cadáver nada más”) y sólo, hacia la mitad del concierto, sobrecogió con rock americano aun y con la voz cogida por la gripe. Fue un bolo intenso en el que se salió en instrumentales con aire surf o latino, recordó su colaboración con Bumbury (“Guitarra Dímelo Tú”) y se llevó a su terreno temas legendarios a los que dotó de una fuerza distinta y atractiva (“Hound Dog” y el “Hit The Road Jack” ya en el bis). Un gran bolo que superó expectativas y que disfruté como un enano.


Lugar: sala Azkena (Bilbao)
Fecha del evento: 11 de enero de 2019
Texto y fotografías: Lorenzo Pascual

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