Crítica de ‘Muchos hijos, un mono y un castillo’ (Gustavo Salmerón)

Recuerdo haber oído comentarios favorables en el festival de San Sebastián sobre este documental que no tuve tiempo de encajar en mi programación. Pero sin duda, lo que más me llamó la atención ocurrió antes de una rueda de prensa: un hombre de mediana edad, con un rascador-alargador- ¿tenedor? en mano, me preguntó mientras blandía aquel curioso objeto si había visto dicho documental. Al decir que no, me respondió: “Cuando lo veas, lo entenderás”. En ese momento mi cerebro cortocircuitó y decidí que resolvería el misterio en cuanto me fuera posible.

Fui al cine con un extraño tráiler y la frase de aquel buen hombre en la cabeza y lo confieso: disfruté como una enana viendo ‘Muchos hijos, un mono y un castillo‘.

Gustavo Salmerón presenta un documental familiar, en el que su madre funciona como eje central. Simpática, espontánea, y con una visión bastante excéntrica de la vida, Julita habla de su familia, de los tres deseos más importantes de su vida y nos abre las puertas de sus armarios, asfixiados por mil artilugios que se apilan en cualquier rincón.

Esta carismática matriarca obsesionada con la comida y la defenestración logra conectar con el público con un estilo que recuerda a Paco León con “Carmina o revienta” o la familia Panero.

Acertada comedia-documental de una familia que trata de salir a flote… y encontrar una vértebra.


Texto: Inés Arqued

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