ZINEMALDI 2017: DÍAS 1 y 2

SUBMERGENCE (Wim Wenders), Alemania

65 edición del festival internacional de San Sebastián. Como todos los años, muchas ganas, ilusión y expectación por ver el primer largometraje que dará el pistoletazo de salida a una semana maratoniana de cine. Wim Wenders (París, Texas, 1984) es el encargado de la primera propuesta: una historia dramática de amor, terrorismo y vida submarina basada en el libro de JM Ledgard en la que dos desconocidos tienen un encuentro bucólico en un hotel de la costa francesa y se enamoran, teniendo que separarse al poco de conocerse. Conforme la historia va avanzando y tomando cuerpo, se pueden escuchar los primeros suspiros de hastío y hasta percibir cómo algunas cejas se levantan en silencioso signo de protesta por esta propuesta edulcorada que no convence en absoluto. Suelo ser bastante benevolente con las historias de amor, pero los personajes de Vikander y McAvoy resultan poco creíbles y consiguen que el espectador pierda el interés. Cuando llega el momento de tratar un tema tan candente hoy en día como es la Yihad, se da una imagen simplista y hasta caricaturesca que tampoco consigue conectar con el espectador. Un comienzo un tanto descafeinado, en el que muchos otorgaron el aplauso por cortesía.

ALANIS (Anahí Berneri), Argentina

Concha de plata a la mejor dirección y mejor actriz por esta película que tan bien consigue recrear la sordidez que impregna la vida de una joven prostituta de un humilde barrio de Buenos Aires. La mejor baza de este relato es la pura y sencilla crudeza de la ausencia de emoción en las acciones cotidianas que realiza la protagonista. Un baile de automatismos donde cuesta el mismo esfuerzo darle el pecho a tu hijo, que satisfacer los deseos libidinosos de un cliente. La ausencia de florituras emotivas dota a Alanis de una fuerza y un coraje que se diluyen en la inercia del día a día. Desahucios, trámites burocráticos, viviendas improvisadas en una trastienda y un final en el que la directora vuelve a recordarnos que hay vidas inmersas en un bucle de decadencia del que es prácticamente imposible salir.

FIREWORKS, SHOULD WE SEE IT FROM THE SIDE OR THE BOTTOM (Nobuyuki Takeuchi, Akiyuki Shinbo), Japón

Este anime producido por los estudios SHAFT dirigido mayoritariamente a un público teen, probablemente no pase al recuerdo como una de las mejores películas del género, pero se deja ver. La historia trata sobre los despertares amorosos de una chica llamada Nazuna y su compañero de clase Norimichi. Como si se tratara de una especie de déjà vu, los personajes reviven constantemente los acontecimientos pasados y Norimichi trata de cambiar el desenlace ayudándose de una especie de gema mágica que tiene la peculiaridad de rebobinar el tiempo. Fantasía nipona con toques de ingenuidad y mucho colorido.

VISAGES, VILLAGES (Agnès Varda), Francia

Esta célebre realizadora que en breve será oscarizada por la academia por su trayectoria artística, se lleva en su maleta uno de los tres premios Donostia. Fiel a los principios de la corriente artística de la Nouvelle Vague de la cual fue una de las abanderadas, reclama “libertad, calidad e independencia económica para el cine”. El carácter social del que se ve impregnado su trabajo, se trasluce una vez más en este documental plagado de ternura y humanidad. Acompañada del fotógrafo JR y una camioneta-fotomatón, emprende un delicioso viaje por la Francia profunda donde explora el lado más humano de las personas y lo plasma en forma de huella fotográfica en edificios y construcciones de todo tipo. El resultado conmueve. Las paredes de viejas fábricas cobran vida sirviendo de lienzo para homenajear a gente anónima. Construcciones imposibles dialogan con aves del puerto acerca de feminismo. Incluso podemos hablar de reivindicación de cuernos. El hilo conductor que es la fotografía, sirve como excusa para conocer y contar las vidas de gente corriente de cualquier pueblo. Tierna es también la relación de cariño y admiración mutua que se profesan Agnès y JR hasta el final del documental, donde más de uno tendrá que echar mano al pañuelito de papel para secarse las lágrimas. Todo un deleite de principio a fin.


Texto: Inés Arqued

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