WOP Festival 2015

The Walk On Project nació en 2008 cuando Mikel y Mentxu decidieron crear una fundación que les permitiera recaudar fondos para ayudar a la investigación de tratamientos para enfermedades neurodegenerativas “poco comunes”. Y es mediante la organización de actividades culturales como ésta (conciertos, festivales…) como consiguen aportar su granito de arena ya que, desgraciadamente, estas enfermedades afectan a un número tan reducido de personas que tanto los investigadores como los fondos son escasos. Eternamente agradecidos por vuestro esfuerzo y dedicación, compañeros.

La quinta edición del WOP Festival ha tenido un cartel de lujo. Los británicos Slydigs, teloneros oficiales de la gira europea de Vintage Trouble, fueron los encargados de abrir la noche. Ambos grupos han compartido escenario con grandes artistas como The Who, así que no es de extrañar que los californianos hayan echado el ojo a este prometedor grupo.
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Con un sonido brit-pop/rock entre Oasis, la etapa más psicodélica de The Beatles o The Rolling Stones, los de Warrington (entre Liverpool y Manchester) nos ofrecieron un setlist compuesto por nueve temas, cada cual más cercano al sonido de las bandas que les ha influido a la hora de componer. Comenzaron con “She’s my Rattlesnake” de su LP de 2014, “Never to be Tamed” para seguidamente dar paso a “Light the Fuse”, su último single de hace apenas días, más rockero, para empezar a dar calor a una sala que aún no se había llenado. “Stone Cold Killer”, “Stiff Upper Lip”, “The Bitter End” (más psicodélica) o “Worth Your Weight in God”, cerrando su actuación con “The Love That Keeps on Giving”.

Era el turno de Los Brazos, trío de rock/blues bilbaíno que ha estrenado recientemente su exitoso tercer álbum “GAS” que tan buenas críticas está cosechando más allá de nuestra provincia, en la que son más que conocidos desde hace mucho tiempo. Y gran parte de su setlist tuvo que ver con este último trabajo. Así, encadenaron temas recientes como las rockeras “Black Sheep”, “Boogie” (muy al estilo hard-rockero australiano), “Guardian” o “Fearless Woman”, el tímido blues “Tales”, el RN’R clásico “Say my Name” o “Not my Kind”, que ellos mismos convirtieron en himno haciendo partícipe al público, que jaleaba los coros. También sonaron otros como “Cold”, “Have Mercy” o “What should I’ve Done” de sus anteriores discos. Y es que los chicos se divierten sobre el escenario y es indiscutible que lo comparten con su público. Doce temas que dieron paso al siguiente grupo.
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Con Cracker la sala ya estaba llena. Eran muchos los seguidores de los americanos que se situaron en las primeras filas para cantar junto a ellos cada uno de sus temas. Y no era para menos, porque desde luego fueron sin duda lo mejor de la noche, así como de lo mejor que pudimos ver en la última edición del Azkena Rock Festival. Se les nota la experiencia, sus composiciones son sólidas y elaboradas, unas auténticas máquinas del rock.

De los dos miembros originales de la banda el vocalista David Lowery, templado, más introvertido pero consistente contrastaba con Johnny Hickman, lead guitar sobre el que recaían todas las miradas. Hickman es una de estas personas que entra una sala y todo el mundo no puede evitar fijarse en él, tan carismático como entregado, un auténtico líder que sabe muy bien cómo hacer que los fotógrafos puedan brindarle unas fotos increíbles. Porque sabe cómo gustar y cómo moverse.

La banda en su conjunto estuvo pletórica, dando un concierto sobresaliente en el que interpretaron temas como “Teen Angst (What the World Needs Now)”, “Get Off This” (en 2016 está previsto el estreno cinematográfica de una película sobre la banda con este mismo título), “Euro Trash-Girl” o “Sweet Potato”, regalándonos una actuación soberbia de su gran éxito “Low”.
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Ahora sí, la sala se llenó hasta los topes en cuanto Cracker desapareció del escenario. Todos querían un sitio en primera fila. Pero a medida que avanzaba el concierto el interés fue decreciendo, ya que notamos un importante desalojo en la parte delantera de la sala, frente al escenario. Aquellos que desalojaban eran precisamente los que habían estado disfrutando con Cracker momentos antes. Cuestión de gustos y criterio, supongo.

Mi impresión con Vintage Trouble fue bastante desconcertante. Por una parte tenía las expectativas muy altas por las opiniones y reacciones del público en conciertos anteriores. Por otra parte tenía a una banda aparentemente muy entregada que luchaba por resucitar de nuevo ese sonido soul (con matices) que se ha puesto tan de moda en los últimos años. ¿O no era una declaración de principios, sino mero espectáculo? Poco a poco mi sensación fue la de encontrarme ante un producto bien estudiado para llenar las salas. Y es que Vintage Trouble no sólo ha pretendido copiar el modus operandi de James Brown o de otros coetáneos del mismo, es que había momentos en los que el bueno de Taylor pretendía rematar con un falsete al que era incapaz de llegar.
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Hay que reconocer que los californianos tienen temas muy interesantes y pegadizos (“Run Baby Run”, “Blues Hand Me Down”) y que su energía (real o no) era palpable, pero creo que faltó algo en su directo, que la espontaneidad no era sino un premeditado guión que sí es cierto que la gran mayoría de bandas tienen, pero quizás a éstos se les notó menos naturales a pesar de sus constantes esfuerzos. Y aquello que tanto venden es lo que sorprendentemente faltó: soul, alma. Personalmente no me llegaron a transmitir nada especial a pesar de sus intentos por integrarse entre el público, darse un buen paseo hasta el fondo de la sala y, literalmente, sudar la gota gorda. Fue como ver una película machacada a efectos digitales para tapar su carencia de guión. Creo que, sinceramente y aunque parezca una estupidez viendo todo el tinglado que prepararon, prefiero escucharles en mi MP3. Así su directo me parece menos pretencioso. Pero esto no es más que mi más sincera opinión, basada en lo que sentí durante el concierto. No tiene que coincidir para nada con la de todos aquellos que disfrutasteis como enanos.
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Aun así parece que el público que aguantó hasta el final disfrutó del espectáculo, bailando, cantando, alucinando con el espectáculo que ofreció la banda. Será que me estoy haciendo mayor, o que ya no me impresiona el mero espectáculo sin otro tipo de estímulos. Mucho ruido y pocas nueces.

En resumen y obviando mis sensaciones negativas con el último grupo: una gran noche donde la música unió de nuevo a personas que luchan por una buena causa. Como siempre, gracias WOP.


Lugar: Sala Fever (Bilbao)
Fecha del evento: 12 de diciembre de 2015
Texto: Zaioa
Fotografías: gaizka

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