BIME 2014 (SÁBADO)

Seguimos “on fire” en el último día de conciertos, a pesar de que ese nota que el invierno asoma.

Los argentinos Babasónicos fueron los encargados de abrir la segunda jornada del BIME Live. Llegamos cuando el concierto ya había empezado, recinto semi-vacío pero que rápidamente fue llenándose de un público ávido de música. Con 11 álbumes de estudio a sus espaldas (sorprendente), la banda de Adrián Rodríguez tocó los temas del último de 2013, “Romantisísimico”, y algún éxito más conocido en su país natal que en el nuestro.

La gran sorpresa llegó de la mano de los burgaleses La M.O.D.A. (La Maravillosa Orquesta del Alcohol), a los que no pudimos ver hace unos meses en el BBK Live pero que por fin disfrutamos en el BIME. Canciones como “Vasos Vacíos” o “Los hijos de Johnny Cash” de su LP de 2013 “¿Quién nos va a salvar?” hicieron que este septeto acústico de folk con tintes de blues demostraran que su música atrae a todo tipo de público, y consiguieron que su único álbum publicado hasta el momento (en castellano) sonara enérgicamente junto a temas de sus otros dos EP grabados en inglés al ritmo de una banda formada por numerosos instrumentos, tales como un saxofonista que hacía las veces de coro vocal, las guitarras y mandolina de Adán R&R Maravillas, El Maravilloso Caleb a la batería y percusiones, Joselito Maravillas al acordeón y coros, ‘Wonder’ Juan Mariscal al bajo y David Ruiz a la voz principal, banjo y guitarra.

Diversión asegurada con The Coup, el grupo californiano que hizo saltar a un divertido público entre acordes de rock metalero y hip hop. El espectáculo es de agradecer: una cantante capaz de abrirse de piernas mientras canta y que no dejó de bailar en todo el concierto, un bajista que hace poses de break entre nota y nota, un teclista que se arranca a rapear, un guitarrista de solos demoledores y un fascinante cantante para seguir muy de cerca ya que, como dato curioso, Boots Rilley es el único músico conocido que fue nombrado por los servicios de inteligencia como una persona a seguir de cerca por su discurso e influencia sobre la gente dentro de los documentos desclasificados de Wikileaks. Reconocido públicamente como izquierdista ha sido miembro del movimiento Occupy Wall Street, un serio defensor de los derechos afro americanos estadounidenses, así como una gran activista por la lucha de los derechos laborales y por una educación y sanidad pública de calidad en su país. Pura rabia palpable en sus conciertos, que no tienen desperdicio. Cuando terminó el concierto, Boots bajó al foso para relacionarse con el público, sacarse fotos y hacer las veces de comercial vendiendo merchandising de la banda. Bolazo.

Nos acercamos un rato a ver a The Orwells, una banda americana muy joven con un potente directo, mientras tocaban un cover de “Build me up buttercup”. Pero no duramos mucho porque queríamos ver a Chris Garneau, el concierto más íntimo que pudimos ver en el festival, y también el que menos duró, ya que de los 50 minutos que tenía prevista la actuación Chris desapareció saludando tímidamente con una mano cuando aún le quedaban 20 y en el que sonaron tan solo 6 temas. Una lástima, porque estaba siendo realmente mágico. Él y su piano, no hacía falta nada más. No le dio tiempo, no sabemos por qué, ni a tocar sus dos grandes éxitos “Dirty Night Clown” y “Fireflies”. Una auténtica lástima que acabara antes de lo programado, nos quedamos todos pasmados, confiando en que volviera aparecer.

Decepcionados y cabizbajos por la brevedad del concierto de Garneau decidimos ir a ver a Mando Diao, a pesar de haberles descartado porque ya les habíamos visto, porque no son lo que eran y porque creímos prioritario al americano que a los suecos. Cuando llegamos distinguimos que algunos miembros del grupo estaban a torso descubierto. Y bueno, lo que vimos no hizo más que confirmar que lo que comenzó siendo una propuesta interesante en un primer disco con temas como “Sheepdog” o “Mr Moon”, o el “Welcome Home, Luc Robitaille” del “Ode to Ochrasy” de 2006 se había convertido en un espejismo para convertirse en algo más moderno, comercial y bailable, menos garaje. En “Dance with Somebody” el cantante, Björn Dixgård, saltó al foso para cantar entre el público.

En vez de volver a ver a The Kooks, decidimos quedarnos para ver cómo se las gastaban los getxotarras Smile. Y qué acierto. Nos agradecen haberles escogido a ellos y no a The Kooks y nos dicen que “the Kooks son la buenorra de la fiesta pero Smile es la no tan guapa que morrea que te cagas”. Tenían un buen número de seguidores en primera fila que lo dieron todo y cantaban sus temas como si fueran un miembro más de la banda, que estaba radiante sobre el escenario. Su vocalista, John Franks, como parte de su espectáculo, se cantó un tema subido a un bafle que había en el foso sin conectar su ukelele y a pelo, sin micro. Apenas se escuchaba pero se agradece el gesto de intentar implicar al público, haciéndonos ayudarles con los coros, e incluso saliendo toda la banda en el último tema y mezclarse en corrillo entre la gente para cantarse un tema, todos en cuclillas. O cuando Franks bajó al público para cantar “Let go” mientras todos estábamos agachados “en plan sexy”. Algo que me gustó mucho fue el tema que cantó cada uno de los componentes de la banda, todos dotados de grandes voces. Gran elección haber ido a verles.

Llegó el momento de dirigirnos de nuevo hasta el “Escenario Teatro” porque tocaba ver a Billy Bragg, esta vez acompañado por una extraordinaria banda (guitarra, bajo, batería, teclados y pedal steel guitar). Un discurso político antifascista era el trasfondo del concierto, en el que entre canciones aprovechaba para criticar la situación política europea y de paso felicitarnos por tener a “Podemos” luchando por los derechos en nuestro país. Comentarios que el público aplaudía enérgicamente. El folk se apoderó de la sala y nos brindaron temas como “All you fascist are bound to lose” para ir calentando el ambiente, seguidos de “Way over Yonder in the Minor Key”, “Sexuality”, “New England” o “California Stars”, más country con el pedal Steel. Gran cover de “Dead Flowers” de los Rolling Stones. Terminó con la canción con la que suele despedir sus conciertos, “Waiting for the great leap forwards”.

Y tras Billy Bragg y hacer una paradita para comer algo, fuimos al escenario principal para ver qué era ese grupo del que tanta gente hablaba y al que no conocíamos, The National. Cuál fue mi sorpresa cuando vi que el gran Sufjan Stevens estaba ahí, sobre el escenario (aunque rápidamente me di cuenta de que estaba ahí, pero muy desaprovechado ya que no destacaba nada). No es un grupo que me pareciera especialmente interesante, era una combinación de muchos grupos y sonidos que ya he escuchado muchas veces antes: Interpol, Editors, Joy Division… Lo que sí es cierto es que al público le gustó, que tienen una larga y consolidada trayectoria y aunque a mí me pareciera un concierto monótono el resto de personas a mi alrededor parecían estar disfrutándolo mucho. Es cuestión de gustos.

Antes de irnos, pasamos por el “Escenario Teatro” de nuevo para despedirnos de una sala que tantas alegrías y penas nos había dado esos dos días. Señores de la organización: me parece estupendo que haya un escenario con gradas, en determinados conciertos es maravilloso, pero no vuelvan a poner en ese escenario nada parecido a Fuel Fandango, por favor. Aguantamos poco más, la prueba de sonido del quinteto de Gernika Audience, que auguraba que iba a ser un gran concierto. Pero nuestras fuerzas no daban para mucho más y no pudimos ver la actuación completa, lamentándolo mucho.

Según los datos facilitados por la organización, 21.034 personas han pasado durante las jornadas de viernes y sábado por el BEC! en una segunda edición que ha superado las 8.000 personas por jornada de BIME Live 2013.

BIME LIVE
Asistencia viernes 31 – 10.246 personas
Asistencia sábado 1 – 10.788 personas
Asistencia total BIME Live 2014 – 21.034 personas


Lugar: BEC (Barakaldo)
Fecha del evento: 01 de noviembre de 2014
Texto: zaioa
Fotografía: Eneko (Rock in focus)

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