Festival ALRUMBO 2014

El festival AlRumbo, celebrado en Rota (Cádiz) cerró su quinta edición la madrugada del pasado sábado con un tremendo éxito de asistencia debida sin duda a la popularidad del jugoso cartel reunido por los organizadores. AlRumbo se consolida como cita veraniega imprescindible para los amantes de los festivales, y asimismo parece que se asienta un modelo de festival “low cost” de los que AlRumbo es pionero. Este tipo de festivales, en las antípodas de otros como el FIB, ofrecen la posibilidad de disfrutar de tres días de famosos grupos nacionales e internacionales por menos de 40 euros, lo que resulta especialmente atractivo dados los duros tiempos que atraviesan los bolsillos de los jóvenes españoles. El ajustado presupuesto se refleja lógicamente en que algunos de los servicios ofrecidos (p.ej. tamaño de la zona de acampada, cantidad de accesos al recinto de conciertos, aparcamientos o de aseos) presenten carencias. Aunque algunos asistentes puedan quejarse de dichas carencias, es seguro que la mayoría prefiere que los recursos se destinen a lo que de verdad importa que es la oferta musical, verdadero imán para el público.

Y a propósito del cartel, hay muchas actuaciones, artistas y anécdotas que repasar. Vamos a ello.

La actividad en Rota comenzó horas antes de la apertura de puertas la calurosa tarde del jueves 17 de julio. Los aledaños de la Playa de Punta Candor en Rota habían sido invadidos por coches y furgonetas de asistentes que formaron largas colas para conseguir las pulseras y el acceso a la zona habilitada para la acampada. Una mayoría de festivaleros se vieron obligados a desplegar sus tiendas en los pinares cercanos al recinto, que fueron progresivamente colonizados. Los primeros en llegar e instalarse pudieron disfrutar de un refrescante baño en la playa antes de los conciertos, y daban lugar a pintorescas imágenes llegando a usar los lavacoches de una gasolinera cercana a modo de ducha a la vez que empezaban los conciertos del escenario principal. Abrieron G.A.S. Drummers con una energética actuación seguida por la de Gérmenes, que a pesar de algún incidente con la batería fueron capaces de infectar a los primeros asistentes y hacerlos bailar a medida que el aforo iba llenándose. El sonido era decente y la energía que desprendieron ambas bandas estuvo a la altura de la responsabilidad de ser los primeros. Con el sol ya bajando, les llegó el turno a los madrileños Alamedadosoulna, que revolucionaron a un público que iba saturando el aforo y sin duda satisficieron las ganas de fiesta del respetable. La banda de ska, se ha convertido en un referente de este estilo, creando su propio sello y consiguiendo que sus fans no se cansen de interactuar con la banda y se pregunten ¿cúal será la sorpresa que nos ofrecerán en esta ocasión? En este caso ofrecieron una vez más una puesta en escena formidable, coreografiada y con arreglos de vientos muy coreados por parte de la propuesta musical que mejor define la palabra diversión. Después de un breve intervalo comenzó la que sin duda era la actuación más esperada de la noche. Desde Puerto Rico… ¡Calle 13! La banda caribeña de reggaetón atípico sabe cómo ganarse a su público, y lo demostraron con creces. René salió con la camiseta de la marea verde puesta, reivindicando una educación pública y de calidad, que aunque le duró puesta dos canciones, le valió una tremenda ovación del público. Aunque la ovación fue casi mayor cuando se la quitó y cerca del escenario se escuchaban gritos y más de una muchacha le pidió un hijo. Aparte de consideraciones estéticas, el grupo salió con fuerza y fueron descargando tema tras tema: fiesta de locos, como bailan los pobres, aguante, nadie como tú, la cumbia de los aburridos… y el ambiente se calentaba, la gente cantaba, bailaba, saltaba, y ellos también. Las consignas con contenido político ensalzando la necesidad de cambios, o las injusticias que sufre el pueblo palestino se sucedían entre canciones y seguían con electroviral, la perla, atrévete, y llegó uno de los puntos álgidos del concierto con la colaboración de Saturnino Rey de SFDK para interpretar liricista sobre el tejado. Muy grande. La gente se volvió loca “in crescendo”, hasta llegar al clímax con vamos a portarnos mal y Latinoamérica. Las caras de la gente eran elocuentes a la finalización del show, sonrisas de oreja a oreja y ni siquiera el volumen que podría haber sido más alto consiguió quitarle a la gente la convicción de haber visto una de esas actuaciones que justifican pagar la entrada a un festival. Y aún quedaba noche. Siguieron La excepción, de nuevo con mucha energía y ganas y aprovechando el entusiasmo que el anterior concierto había dejado en la gente, les hicieron seguir saltando y coreando temas como amos chacho u hoy frescuni. También contaron con una colaboración, en este caso de Muchachito y el Ratón, y aunque el sonido no estuvo del todo a la altura, los asistentes disfrutaron en grande de los chicos del Panben. A continuación siguieron Trashtucada con su ecléctica mezcla de estilos, sus ritmos demoledores y del todo bailables, y que a pesar de la saturación del volumen de la trompeta, supieron contentar a sus incondicionales. El siguiente momento álgido de la noche lo protagonizaron los 8 componentes de La Pegatina, con sus camisetas de colores al estilo parchis, su granuja rumba-ska y con sus cañones de confeti acentuando los momentos fuertes de las canciones. La actuación estelar del acordeonista, y la alegría que transmitían hicieron que el público lo diera todo y bailara sin parar hasta pedirles bises. Los catalanes contentaron al respetable terminando con los himnos lloverá y yo veré y la jocosa Maricarmen (tu hijo está de afterhour). La noche terminó con los Zombie Kids, que empezaron con bastante retraso, casi de día. Aunque la gente bailó, y seguramente habría bailado hasta paquito el chocolatero, no acabaron de convencer a los más acérrimos de la música electrónica. La actitud de los djs y su puesta en escena, fue sin duda mejor que la sesión que ofrecieron.
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Al día siguiente fue difícil no despertar con las pruebas de sonido y la batucada que había en el pinar. Esta batucada, junto al concurso de skate, aportan originalidad a AlRumbo ofreciendo a los asistentes la posibilidad de pasar el día con actividades alternativas a la elegida mayoritariamente, de pasar el día en la playa. Y al caer la tarde, volvieron a abrir las puertas para dar paso a los conciertos del viernes. Las primeras actuaciones de la tarde trajeron el el hip-hop comprometido de Shotta con importantes sorpresas como las colaboraciones de La Mala Rodríguez, Toteking o el Swan Fyahbwoy, seguido de la rumba garrapatera de Juanito Makandé. El de la Línea se encargó excelentemente de refrescar las orejas de los asistentes en esas primeras horas. El aforo superaba al del día anterior a esas horas y entre medias de ambos, en el escenario que una marca de bebidas energéticas patrocinaba para dar a conocer a grupos locales, destacaron los Smiling Bulldogs, con blues-rock sin aditivos y unas más que decentes ejecuciones musicales. Ya de noche y con el aforo a reventar dio comienzo uno de los conciertos más anhelados, Manu Chao, cuyo cuarteto contaría con la entrega incondicional del público. Comenzaron con día luna, con mucha fuerza y con el cantante dando saltos a pesar del vendaje que cubría su pantorrilla derecha. Se fueron sucediendo los temas, se incorporó un percusionista, un cantante brasileiro y ya hacia el final del concierto una sección de vientos. Y dieron al público lo que les pedían, aunque en algunos momentos el concierto se hizo repetitivo, descompensado y se echaron en falta algunas de las canciones míticas como calle, mala vida o si me das a elegir. Tal vez, algún que otro problema técnico (como un micrófono dejó de sonar) tuvieran algo que ver con la pérdida de fuerza del espectáculo. El concierto fue divertido, pero cuando has visto a este mito en varias ocasiones y sabes de lo que es capaz, es difícil no quedarse con la impresión de que podría haber dado mucho más, y mucho más variado. Le siguió la Mala Rodríguez, que comenzó suave pero fue subiendo el tempo y la intensidad del concierto hasta momentos cumbre como las colaboraciones de Shotta y Kase.O o la surrealista aparición de Raimundo Amador, por primera vez en la noche. Aunque las afinaciones de la sevillana no siempre fuesen perfectas, no es ese el principal requisito para un artista de rap, y sus seguidores seguro que no lo tuvieron en cuenta. Fue más tarde cuando llegaron dos conciertos que ayudaron a aliviar decepciones previas. Primero, Ky-Mani Marley, uno de los muchos hijos de la leyenda jamaicana del Reggae. He de confesar que no me habían entusiasmado sus grabaciones, pero son de esos músicos que salen al escenario y llenan todo el recinto con su áurea y tras los primeros acordes entiendes que estos artistas juegan en otra liga. Así lo demostraron canción tras canción, con las esperables alusiones a la “ganja” que tanto adoran los rastafaris y hasta llegar a las versiones finales de Bob Marley, muy agradecidas y coreadas por el respetable. En segundo lugar, OFunkillo y… ¡esos cuernos! Los sevillanos ofrecieron una impecable actuación con su funk-rock-metal, aunque eso es lógico contando con uno de los mejores bajistas del país. Pepe Bao apareció como un pirata maltratando su bajo con cuerdas de distintos colores y era difícil mirar a otro sitio. No es solo virtuosismo, es una compenetración con el instrumento difícil de encontrar y capaz de llevar en hombros a un grupo o al mismísimo orfeón donostiarra con sus componentes afónicos. Y así fue, aunque el resto de músicos se desenvuelvan perfectamente solitos. Un conciertazo, a pesar de que el usual vozarrón de Andreas se quedara sin fuelle en algún momento y de lo que les costó conseguir que Raimundo Amador, que subió por segunda vez al escenario, entendiese que con unos cuantos solos (no demasiado acertados) de guitarra, había sido suficiente. La noche terminó con Pendulum dj set, más fiesta hasta el amanecer y mucho salto, algarabía y actitud por parte de los artistas (y de un público que habría seguido dándolo todo por más tiempo si les hubiesen dejado).
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Las bandas de las primeras dos noches habrían sido suficientes para justificar un festival, pero aún quedaba la última noche, y algunas de las más sabrosas sorpresas del evento. El sábado abrieron las actuaciones vespertinas los Aslándticos, desde Córdoba y con su reggae-rumba coral embaucaron a los no demasiados asistentes de las primeras horas. Siguió Albertucho, bajando un poco el ritmo y la intensidad y ofreciendo un merecido descanso para las orejas y los cuerpos teniendo en cuenta lo que venía después. Soziedad Alkoholika es un referente del metal-hardcore-trash, no solo en España. El quinteto alavés lleva más de dos décadas sobre los escenarios y han sufrido constantes ataques y censuras de sus actuaciones. A pesar de eso siguen en plena forma, igual de fuertes que la primera vez que tuve el placer de verles hace ya 17 años, si bien algo más oscuros y agrios. Repartieron caña, musical y de palabra y deleitaron a sus fans con ratas, palomas y buitres, peces mutantes o cuando nada vale nada y terminaron acordándose de palestina y los abusos del estado de Israel con nos vimos en Berlín. Hacia las once, llegó sin duda el apogeo de la tercera noche y probablemente de todo el festival. Y paradójicamente dicho apogeo llegó de la mano de una banda de jazz (nada habitual en este tipo de acontecimientos musicales) acompañando a un rapero de Zaragoza. Kase.O y Jazz Magnetismofrecieron una actuación sublime, con una música impecablemente desarrollada por profesionales y la lírica aposentada de uno de los mejores raperos de España. El flow se desbordó del escenario, Kase disfrutó de lo lindo, se gustó y gustó y demostró que no hacen falta fuegos de artificio para ponerle los pelos de punta a la gente. Basta con sinceridad, conexión y un discurso capaz de tocar a la gente. Himnos como libertad, o el boogaloo aka tarantula fueron de los más coreados, pero regalos como cantando o una versión de-construida y mejorada de Ballantines seguro que siguen sonando en las cabezas de muchos. Por si hubiera sido poco, llegaron después Muchachito y sus compadres y estuvieron a la altura de la cita, aunque mejor en formato dueto que trío. Seguramente no debería comparar con el antológico concierto que dieron en el café Antxoki de Bilbao, donde dos guitarras españolas bastaron. Muchachito no es bajista y el frenético ritmo que le imprime a la guitarra española se pierde cuando se ponen eléctricos. A pesar de todo, Ojalá no te hubiera conocido nunca fue una de las canciones más coreadas y bailoteadas del festival. A continuación, y a altas horas de la madrugada les llegó el turno al histórico grupo jamaicano de ska The Skatalites. Probaron sonido justo antes de empezar y eso enfrió un poco el ambiente, pero ya se encargaron de volver a calentarlo con clásicos como el tema de James Bond o de los cañones de Navarone. Si bien es siempre un placer ver tocar a leyendas de la música, los miembros casi octogenarios de la banda seguramente habrían agradecido tocar antes, ya que se les veía algo cansados. Finalmente, y como sorpresa de la noche llegaron N.O.H.A., con una genial mezcla de drum & bass, rap, coros femeninos perfectamente cantados y algo de danza contemporánea. Subieron la temperatura a la noche después de la actuación más tranquila de los jamaicanos y sorprendieron a aquellos que no les conocían y que probablemente seguirán con atención los nuevos pasos de esta banda. La noche y el festival cerraron con Dub Elements y su atronadora propuesta electrónica para los muchos asistentes que se resistían a irse a dormir. Los que aún tenían fuerzas bailaron hasta que se hizo de día con la contundente descarga de bajos de dubstep, breakbeat y electro del dúo sevillano.

En conjunto, ha sido una gran experiencia asistir a esta quinta edición del festival AlRumbo. Lógicamente, siempre hay cosas que mejorar, y en cuanto a logística este festival es mejorable. De todos modos es probable que más de uno y una renuncien a esas mejoras si fuese a costa de aumentos en el precio de los abonos. Lo que los organizadores no deben cambiar por nada, son los djs que se encargaron con gran maestría de animar con excelentes selecciones musicales los intervalos entre conciertos. En más de una ocasión grupos del público bailaban con más ganas las canciones de los intervalos que las de los propios conciertos. Olé por ellos. Por último queda la pregunta de si AlRumbo será capaz de continuar ofreciendo carteles tan jugosos en años venideros, y de si acabarán creando “alrumbers” tal y como hizo el FIB con los “fibbers”.


Lugar: Rota (Cadiz)
Fecha del evento: 17 de julio de 2014
Texto: Nacho Morales
Fotografías: Marta Fernandez

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